¿Y mi ojo de halcón?

Os echamos de menos… siempre incomprendidos, siempre despreciados, objetivo de la ira de nuestros propios errores (pero nunca reconocidos), pañuelo en el que secar las lágrimas por los “malabares reglísticos” de los compañeros, “tocabemoles” de mis mejores e inspirados dropajes, árbitros al fin y al cabo.

Si no fuese por ellos alguna partida acabaría en boxeo y con aquellos más imaginativos, y con menos escrúpulos, en lo más alto del podio recogiendo un más que “merecido premio a su descaro e indolencia”, mientras que los compañeros nos miramos pasmados y nos consolamos ubicándolos como centro de nuestro desprecio, descrédito y cotilleo.

Todavía no he llegado a entender como la Federación de Golf no obliga a la asistencia de un árbitro, como mínimo, en cualquier campeonato que puntúe en el ranking federativo.

Joé que directo he sido!!, me explico, en cualquier disciplina deportiva como tenis, futbol, baloncesto, etc… todo partido jugado entre equipos federados y que es motivo de resultado clasificatorio dentro del ranking federativo, está atendidos por un juez árbitro, pero, incomprensiblemente, en el golf, con la complejidad de normas y dificultad de su aplicación en un campo siempre irregular, siempre distinto y diferente y en el que se pueden repetir situaciones pero en ubicaciones radicalmente dispares, la decisión de la aplicación de dichas normas, se deja en manos de quienes, reconozcámoslo, solo conocemos un número limitado de las mismas y además somos arte y parte, interesados en el resultado, competitivos, en definitiva, humanos.

Sirva este breve artículo como mero ejercicio de reflexión, pero ojalá despierte la inquietud de alguien más, a fin de conseguir implantar la norma de que todo torneo esté asistido por un árbitro, y  con el paso del tiempo ya pediremos el ojo de halcón.

Dedicado al último árbitro que me sancionó. Que ser, eres y lo sabes.

Nos vemos en el campo…