LAS MALAS COMPAÑÍAS

Me encanta el golf. Amo este deporte.

 

Bajo mi punto de vista, fomenta unos valores básicos, coherentes y necesarios para la buena armonía, el respeto y la convivencia.

También es terapéutico. No eres capaz de darle a la bola si no te concentras en ello y olvidas todo lo que te rodea. Cosas como el trabajo, el estrés, la familia (incluida la suegra) pasan a un departamento llamado olvido.

Es un buen ejercicio aeróbico, te hace caminar varios kilómetros, en terrenos a veces muy sinuosos y sudar buscando bolas por ramblas y terraplenes.

Es la excusa perfecta para quedar con tu grupo de amiguetes, practicar un poco de deporte y terminar tomando unas pintas… ¡¡¡Y ponte otra!!! (esta frase me encanta).

Conoces gente nueva con la que compartes unas horas de tu afición favorita y que en muchas ocasiones, se quedan formando parte de tu círculo de amiguetes de golf.

Pero como nada es perfecto, a veces te encuentras con algún individuo o personaje que te da la partida. Yo los califico con dos definiciones: “indocumentao” y “amargao”. Ellos lo saben, estoy convencido, pero disfrutan amargando mañanas ajenas y tirando por tierra la ilusión que mantienes toda la semana por que llegue el sábado.

Creo que todos hemos tenido alguna experiencia con alguno de ellos y para que se entienda bien, paso a matizar la diferencia entra ambos:

El “indocumentao” pasa de las reglas de etiqueta, no respeta turnos de juego, dropa como le viene en gana, siempre encuentra su bola ¡y está jugable! A demás, se permite dar consejos de como debes jugar.

El “amargao” es más fino, de trato seco, no se preocupa por quedar bien.  Le gusta ganar pero sobre todo le gusta que tú pierdas, que falles, que tires la bola al agua, que te vayas fuera de límites, que te enfades contigo mismo y todo esto aliñado con algún comentario casual que te saca de la partida.

Afortunadamente, la inmensa mayoría de jugadores somos gente amable, respetuosa y de buen beber aunque sin duda alguna, si hacemos memoria y buscamos en lo más profundo de nuestros honestos recuerdos, alguna vez y siempre culpando al swing, nos hemos comportado como un “indocumentao” o como un “amargao”.

Amigos, nos vemos pisando verde.

Besos y apreturas.

Juan Martínez